Han sido dos meses, casi tres semanas y seamos honestos, ninguno de los dos tiene 17 años. El cansancio se nos nota un poco. Caminar muchas horas diaras se suma a un especial cansancio que provoca despertar en un lugar ajeno, de tener que abrir y cerrar maletas, de no tener tu baño, de saber que no juegas de local, de batirtelas con un idioma extraño, con costumbres distintas, etc.
Por lo mismo, estos últimos días hemos preferido tomárnoslos con más calma. Hong Kong es una ciudad pequeña, por lo que una semana es más que suficiente para recorrerla con calma y no con la celeridad del turista que pasa un par de días por lugar tratando de inmortalizarse con la atracción del momento.

El miércoles nos dirigimos en la mañana al Hong Kong Park. El principal parque de la ciudad construido en las faldas de una de sus colinas, justo debajo de los principales edificios del distrito del Admiralty. Un verdadero oasis, aunque Hong Kong podrá ser una jungla de cemento construido justo al lado de otra jungla, pero de vegetación.
Dentro del parque se encuentra el Museum of Tea Ware, un mueso ubicado en la Flagstaff House, una antigua construcción inglesa (de hecho, la más antigua que permanece en pie) y dedicada a difundir la cultura del té chino a través de su exhibición permanente y sus constantes actividades relacionadas con el té y la ceremonia de tomar el té al estilo chino.
Fue realmente educativo conocer los tipos de té, el delicado proceso que incumbe a la ceremonia de tomar el té y el tremendo significado que tiene para la cultura china, que fueron los primeros el incorporar el té a la dieta tal y como la conocemos hoy. Ahí, obviamente, nos hicimos de algunos productos que esperamos no nos los quiten nuestros amigos de SAG. Todo viene sellado, así que no debería haber problemas.
Luego de eso, caminamos por entre los pasadizos entre los edificios del Admiralty, hasta llegar al sector de Central. Ahí recorrimos algunas calles y cuando el hambre ya nos estaba poniendo de mal humor, en calle Wellington dimos con Master Food Restaurant, donde nos ofrecieron un 20% de dcto. y un jugo gratis si comíamos ahí.

La Tri simplemente dio en el clavo con el plato que ven en primer plano, una mezcla de sabores junto a la carne, las berenjenas, el repollo hervido y picante y el choclo, todo con arroz en la base y un huevo crudo en la superficie, que se iba cociendo con el calor del plato. Uf. Yo le achunté menos con una pasta de arroz con pollo al curry que estaba bien, contundente, pero nada comparado con el otro plato.
Luego seguimos recorriendo el sector del Soho hongkonés, por Queen’s Road, llena de pequeños negocitos de jade, imprentas, muchas tiendas de especias y otras vainas propias de la medicina china y algunas casas de té, de donde nos hubieramos llevado todo, pero no vendían cosas selladas.
Finalmente, dimos con nuestro siguiente destino, el mercado de Upper Lascar Row (más conocida como Cat Street). Se trata de un mercado de “antigüedades” y recuerdos.
Luego decidimos volver a casa a descansar y tomamos en el sector de Central el tram a casa. El tram se ha convertido en el mejor medio de transporte en Hong Kong. Por 2HKD te lleva por todo el recorrido del carro sin importar si vas a andar una cuadra o toda su extensión. En este caso estuvimos casi 1 hora sobre el tram para recorrer parte importante del norte de la isla, de Oeste a Este.
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Durante el viaje ves de todo, a la gente, el insesante tráfico, los pasajeros que suben y bajan a cada momento, el comercio bullante de Hong Kong lleno de grandes tiendas y pequeños negocios, los mercados en las calles laterales donde nunca falta la actividad, los camiones que descargan cajas, animales, frutas, todo en un colorido espectáculo que con la llegada de la tarde se hace aun más impresionante, ya que los neones comienzan a prenderse y cada calle con su particular estilo se viste de noche con sus luces, sus personajes, sus olores. Todo es apreciable desde el tram que zigzaguea entre la gente como un residente más que participa de toda la actividad. Uno ahí, desde el segundo piso para dejar de ser un simple espectador y a ratos te olvidas que vives a miles de kilómetros de distancia.
Luego del descanso, volvimos a salir, esta vez queríamos caminar por todas esas callecitas del distrito de Wan Chai que habíamos visto desde el tram. Nos metimos por los mercados, donde los pescados literalmente saltan de los stands donde son ofrecidos a la gente, como si supieran lo que les espera.
Luego entramos a unos shopping de tecnología, donde tienen todo lo que puedas imaginarte y más. Juegos para todas las consolas, incluso para las que aun no existen. Todas las cámaras del mundo, todos los lentes, todos los accesorios para iPods, iPads y el gadget que tengas. Si no lo tienen, lo consiguen. Pero era hora de irse. Como les contabamos al principio, estamos tratando de tomarnos estos últimos días con calma. Mejor ir a casa.
El jueves, siguiendo con nuestro nuevo estilo de descansar, nos despertamos después de mediodía (creo que es el día que más tarde me he despertado en todo el viaje) y en realidad fuimos despertados y no por alguien, sino por una tormenta de truenos y relámpagos, acompañado de un verdadero diluvio que había afuera. Nuestros planes originales se habían diluido (intentaremos mañana) y esperamos a que amainara un poco el mal tiempo para salir a alguna parte.
Terminada la lluvia tomamos el metro y luego un bus que nos llevó al sector de Aberdeen, al otro lado de la isla, en su parte sur. Un puerto conocido porque algunos de sus habitante aun viven en sus botes sobre el mar y su atractivo está dado por sus restaurante flotantes y la supuesta actividad marítima que incluye hacer la vida diaria sobre el agua. Luego de llegar al centro, bueno, no al centro, ya que nunca entendimos dónde había que bajarnos y el bus empezó a subir por los cerros y cuando le preguntamos a un chinito si el bus iba a Aberdeen, él nos dijo que ya nos habíamos pasado y que nos bajaramos y luego continuaramos por una escalera abajo hasta llegar al centro nuevamente.

Ahí nos fuimos derechito a la bahía, con las nubes aun amenazantes. Llegamos y en verdad no nos resultó tan atractivo como esperabamos. Cero actividad y prácticamente ningún turista. Todo cerrado, quizás la cosa está más prendida durante los fines de semana y por más que aunas viejitas nos querían convencer de tomar un paseo por la bahía en bote, no nos seducía mucho la idea, ya que definitivamente no pasaba nada. Volvimos al centro, almorzamos en un lugar que no nos gustó mucho y justo cuando comenzó la tormenta nuevamente, agarramos el bus que tras entrar en un tunel, nos dejó nuevamente en Hong Kong y nuevamente en el sector de Wan Chai, el que volvimos a recorrer, esta vez bajo el agua, que a ratos no daba tregua.
A pesar de la lluvia y luego de que bajó un poco la intensidad, decidimos irnos al hostal caminando. En el recorrido pasamos por el Victoria Park, otro de los parques en medio de la ciudad en HK. Este destaca por ser un verdadero centro de deportes, con muchas canchas de fútbol, basquetbol, un court de tenis y hasta una piscina. Pasamos por ahí y a pesar de la lluvia y estar todo aun mojado, todas las canchas estaba siendo usadas. Daban ganas de hacer deporte.
Y eso fue el día. Llegamos al hostal y nos pusimos al día con nuestra serie favorita Mad Men, que está más buena que nunca! Mañana es nuestro último día oficial en HK. El viernes a mediodía debemos hacer el checkout y tipo 3 de la tarde partir al aeropuerto. Esto comienza a acabarse, señores…
Más fotos de Hong Kong, tomadas por la Tri, acá.


















jajja por un minuto pense que la última foto era un bouling jajajajaja
si sus amigos de la aduana no les quitan los tecitos, los amigos en stgo se los acabaran buahahahah..
Debo decir que he disfrutado cada relato de este viaje y que al acabarse me tendrán que contar sus historias una y otra vez. Pero estoy feliz de que vuelvan!
Un abrazote chicos.
Queridos, pero què querìan, si el cuerpo tambièn reclama, pues. En todo caso, la ciudad les ha acomodado por lo ordenada, el idioma ( que no es menor) etc. No me extraña la buena elecciòn del plato de la Estefanìa. Te recomiendo que la imites en otras oportunidades, saldràs ganando, te lo aseguro. Miles de gracias por este viaje virtual que no han regalado. Ha sido magnìfico.
Bueno si se termina su viaje, que voy hacer al trabajo yo???